
Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú supo glorificar a Dios con sus buenas obras y, aun en medio de tinieblas y dificultades que amenazaban con apagar su brillo, nunca escondió la luz que gratuitamente había recibido (cf. Mt 5, 14-16). Quisiera, por medio de estas líneas, que su testimonio de entrega y santidad continúe brillando entre ustedes y los impulse a ser, como él, lámparas vivas en el hoy de la historia, sin que nada pueda oscurecer la fe, la esperanza y la caridad que habita en nuestros corazones por obra del Espíritu Santo (cf. Rm 5,5; Ef 3,17).
El beato Esquiú nos enseña a vivir la comunión y la misión evangelizadora de manera concreta, con gestos y obras de bien. (P. León XIV, mayo 2026)
Paz y Bien
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